miércoles, 12 de diciembre de 2007

Bibliofilia en Buenos Aires

En una entrada de nuestro blog hace unos meses tuvimos la ocasión de hablar de las Librerías Anticuarias en Buenos Aires. Junto a las librerías de viejo podemos contabilizar en Buenos Aires más de 40 librerías en la ciudad. Y esto sin contar las casas de subastas que también participan activamente en el negocio de la venta de libros antiguos.

El diario Clarín publicó el pasado día 9 de diciembre un interesante artículo sobre el mundo de la venta de libros antiguos en Buenos Aires. Pasamos a desgranar algunos extractos interesantes.

En dicho artículo se da una lista de los bibliófilos más importantes que vivieron en Argentina: el historiador italiano Pedro de Angelis, Andrés Lamas, Manuel Trelles, Bartolomé Mitre, Teodoro Becú, Antonio Santamarina, Eduardo Bullrich, el poeta Oliverio Girondo, Guillermo Furlong, Alejo González Garaño, Alfredo Hirsch, Miguel Angel Cárcano, Giselle Shaw, Antonio Larreta, Matías Errázuriz y Federico Vogelius.

Pero, ¿qué grado de aportación tienen los bibliófilos en este negocio del libro antiguo? En el artículo del diario Clarín podemos leer que algunos libreros confiesan que los compradores que mueven el mercado en Argentina no son realmente más de trescientos, entre los que ya se incluyen los representantes de instituciones tanto privadas como públicas.

Los anticuarios se abastecen fundamentalmente de la compra de bibliotecas y es aquí donde entra en juego el bibliófilo. Una vendedora de la librería bonaerense L'Amateur señala que están "viviendo" de las bibliotecas que se formaron en la Argentina en la primera mitad del siglo XX. Otro librero, Alberto Casares, destaca que "el destino de los libros es pasar de un dueño a otro", y el artículo de Clarín refuerza esta idea con un escrito que Pedro de Angelis dirigió en 1856 a Manuel Trelles: "el sentimiento que naturalmente tengo de separarme de la parte más preciosa de mi biblioteca queda en gran parte atemperado por la idea de que los nuevos poseedores son personas inteligentes, y que saben apreciarla".

¿Qué precios está dispuesto a pagar un bibliófilo empedernido? Lo primero, por supuesto, es necesario disponer del dinero suficiente porque los libros que quiere un bibliófilo no son nada baratos. El artículo de Clarín nos da una idea de los precios que algunos libros pueden alcanzar en la actualidad en Argentina:


  • De la diferencia entre lo temporal y eterno, obra ascética del jesuita español Juan Nieremberg, en la traducción al guaraní hecha por el también jesuita José Serrano, ilustrada con grabados del indio Juan Yaparí. Impreso por los jesuitas en la misión de Loreto en 1705. Un coleccionista lo ofrece por un millón de dólares.

  • El incunable Liber chronicarum de Hartmann Schedel impreso en Nuremberg en 1493 por Anton Koberger, con ilustraciones de Durero, vale 150.000 dólares.

  • La Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata, de Pedro de Angelis, vale 50.000 dólares.

  • Una primera edición de Martín Fierro, de 1872, puede alcanzar un precio de 40.000 dólares.

  • La edición elephant del libro de Emeric Essex Vidal, Picturesque illustrations of Buenos Ayres and Montevideo, editado por Ackerman en Londres en 1820, cuesta 24.000 dólares.

  • Fervor de Buenos Aires de Borges, de 1923, está sobre los 20.000 dólares.

  • Descripcion chorographica de Terreno Ríos, Arboles, y Animales de los dilatadísimas provincias del Gran Chaco, Gualamba, y de los Ritos y Costumbres de la inumerables naciones de barbaros e infideles que le habitan, editada por el jesuita Pedro Lozano en (Córdoba) España en 1733, vale 15.000 dólares.

  • El Contrato Social de Rousseau, traducida por Moreno y publicada en 1810, cuesta sobre los 8.000 dólares.

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