sábado, 16 de abril de 2011

El libro "De humani corporis fabrica" de Vesalius al completo

La Biblioteca Palafoxiana de Puebla (México) posee la única edición íntegra del libro De humani corporis fabrica, el libro que revolucionó el estudio de la anatomia impreso en 1543 por el médico belga Andrea Vesalius. Este es uno de los últimos hallazgos del acervo de la biblioteca, que está integrado por 45.000 libros antiguos.

Este libro tuvo menos de mil ejemplares, pero casi todas las que sobreviven están incompletos porque desde su aparición fue perseguido, destruido y mutilado ya que su autor fue el primero en usar cadáveres humanos para enseñar anatomía cuando sólo se permitía enseñar medicina abriendo cuerpos de animales.
 
Los textos y los 300 dibujos del libro De humani corporis fabrica, fueron los primeros en demostrar que el aparato circulatorio del ser humano empieza en el corazón y no en el hígado; que el cerebro está envuelto en una especie de bolsa, que los pulmones y el aparato digestivo están separados por una membrana y que el maxilar humano es diferente del de los animales porque está hecho de una sola pieza y no de dos.

Cuando tenía 28 años de edad, Andreas Vesalius renunció a ser profesor de anatomía en la Universidad de Padua (Italia) y, acompañado de una caravana de mulas, atravesó los Alpes rumbo a Basilea (Suiza) para imprimir un libro. Era la primavera de 1543 y el joven médico, nacido en Bruselas, sacrificó su prometedora carrera académica a cambio de sacar a la luz su obra titánica De humani corporis fabrica; libro que echó por tierra muchas de las teorías del griego Galeno que se habían mantenido vigentes más de mil años. El libro fue publicado el verano de ese mismo año.

A Andreas Vesalius la originalidad de sus estudios le valieron el calificativo de “bárbaro” entre otros médicos pues fue el primer universitario de Padua que sustituyó las clases tradicionales de anatomía, en las que se diseccionaban animales –monos, cerdos y borregos-, por otras en las que se abrían cadáveres de criminales ejecutados, práctica que era considerada como “impía”, “sucia” y “desvergonzada” y que Vesalius pudo adoptar gracias a un juicio que ganó a los 25 años.

Su éxito fue también su mayor lastre. Sus detractores, defensores de Galeno, le negaron consecutivamente el retorno a las cátedras en Italia, así que tuvo que volver a Bruselas, donde se dedicó al servicio imperial de Carlos V y Felipe II; este último evitó que Vesalius fuera juzgado y condenado por la Inquisición, bajo acusaciones de abrir a humanos vivos. A cambio la iglesia le conmutó la pena capital por una peregrinación a Jerusalén, ciudad de la que nunca regresó, debido a una enfermedad que le atacó en el camino.

A lo largo de 663 páginas, con 300 ilustraciones, rectificó numerosos errores de Galeno. Primero rechazó que el esternón estuviera dividido en siete segmentos, que el hígado tuviera cuatro o cinco lóbulos y que los seres humanos tuvieran un “recto abdominal” como los simios. Estudió el cerebro y desmintió que existiera una red de vasos en la base de ese órgano, como había supuesto Galeno. 

La obra utiliza en su título la palabra “Fábrica” porque tiene connotaciones arquitectónicas. Ponerle ese título sirvió para destacar la importancia de la disección y de lo que desde entonces se llamó “visión anatómica” del cuerpo humano.

Extraído de un artículo publicado en El Universal.

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