viernes, 24 de septiembre de 2010

Traspaso de fondo antiguo de la Biblioteca de Loyola

En agosto del 2010 se publicó el anuncio de que "se está poniendo en práctica ya el Convenio firmado entre el Superior de Loyola, José María Etxeberria, y el Rector de la Universidad de Deusto, Jaime Oraá. Según lo acordado, la mayor parte de los 15.000 libros del Fondo Antiguo de la Biblioteca de Loyola pasan en depósito a la nueva Biblioteca de Deusto-CRAI. Este fondo de la Biblioteca o Librería loyolea, como antiguamente se llamaba, data de antes de la expulsión de los jesuitas por Carlos III (1767) y contaba con 37 incunables, 1.492 libros del s. XVI, 4.520 del s. XVII y 10.781 del s. XVIII. De esta forma, con la generosidad del Santuario y con el protectorado de la Universidad, se espera robustecer el trabajo en favor de la fe y de la cultura".

El jesuita Jon Iturriaga Elorza ha dicho que "del contenido de esta Biblioteca, o Librería como se la decía entonces, hasta la expulsión de los Jesuitas por Carlos III (1767) tenemos en catálogo con el número de autores (1.463), obras en latín (1.650), en castellano y portugués (1.380), italiano (223), francés (22), flamenco (10), euskera (7), ms. (unos 100); con otro centenar y medio de legajos que contienen cartas de donación, ventas, escrituras y demás documentación perteneciente al Colegio. El número de volúmenes, notable para entonces, es de unos 3.400, sin contar los de las librerías privadas, como la del P. M. Larramendi, que figura en lista aparte, y que suma 102 obras con 283 unidades. Esta primera Biblioteca de Loyola tiene la consagración que dan a estos locales las grandes figuras de la investigación, en el caso los Padres Bollandos, moradores de Loyola en 1721. En el Catálogo a que nos hemos referido hay bastante calidad: dos Biblias en latín, una con glosa ordinaria (6 vol.); están Baronio. Los Bollandos, la edición de San Agustín por los Maurinos, la Bibliotheca Patrum de Lyon (27 vol.), el Nicolás Antonio, los escolásticos más insignes hasta Lossada en buenas ediciones; Decretales y libros de cánones, sin que falte el Doctor Navarro; diccionarios como el Calepino, suficiente literatura latina (oradores, poetas, preceptistas, historiadores, comediógrafos); escogidos renacientes italianos: Boccaccio, Petrarca, Bembo, Guicciardini, etc.; igualmente escritores castellanos: Cervantes, Luis de León, Quevedo, Lope de Vega, Mateo Alemán, Gracián, Boscán, Camoens -Calderón aún no había sido descubierto-; mucha hagiografía, anales múltiples, historia e historias, con los consabidos libros devotos. Está ya Feijóo y sus Cartas, y están también las primeras defensas de la Compañía de Jesús, a punto de ser extinguida. Como tesoros de la Biblioteca se señalan, además de algunos libros antiguos -incunables varios-, las memorias o ministerio del Duque de Lerma (10 vol. ms. con su índice), y ministerio de Everardo Nithardo (5 t. ms.); el último desaparecido años después y emigrado, según creo, a los archivos de la Madrid".

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