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jueves, 5 de febrero de 2015

Miles de libros antiguos afectados por inundación de una librería anticuaria

La librería anticuaria Helena de Buenos Aires, una de las más emblemáticas de la ciudad, ha visto como más de la mitad de sus 40.000 ejemplares han quedado afectados por la inundación originada por la rotura de una tubería, ocasionada por la obra de peatonalización de la calle Esmeralda, donde está sita la librería.

El hecho aconteció el 9 de diciembre pasado a las cuatro de la madrugada, cuando la dueña de la librería, Elena Padín Olinik, encontró inundado el sótano de 70 metros cuadrados donde guarda la mitad de sus libros. El agua no paró de salir hasta las cuatro de la tarde. 

Elena ya ha tenido que tirar más de mil ejemplares. Entre las pérdidas hay 22 tomos de la enciclopedia Summa Artis, primeras ediciones de las obras completas de Domingo Faustino Sarmiento, grabados del siglo XVIII, una colección completa de una bibliografía jesuítica, un mapa del artista cartógrafo flamenco Jodocus Hondius (valorado en  unos 1.500 dólares) y mapas franceses de los siglos XVI, XVII y XVIII. Hay muchos miles de libros más que están afectados por humedad y hongos y que habría que tratrar cuanto antes.

La negligencia no está siendo reparada por ningún organismo público y las empresas del desastre se pasan la pelota de unas a otras sin que se asuman responsabilidades. La librería así lo ha hecho saber al público poniendo dos carteles en el escaparate. Uno de ellos dice: "Esta librería se inundó nueve veces por la negligencia de la obra de la peatonal. Ni a Macri, ni a Lombardi, ni a la empresa Dalco S.A. les importa nada".

Elena Padín Olinik es librera desde hace más de 18 años, estudió en la Universidad Complutense de Madrid y tuvo varias librerías en Buenos Aires hasta que establecio la Librería actual en su ubicación actual, el mismo local en el que estuvo instalada la antigua librería anticuaria L'Amateur, la primera de Sudamérica, fundada en 1924.

viernes, 24 de octubre de 2014

Readecuación de los puestos de la Feria del Libro del Parque Centenario de Buenos Aires

La Dirección General de Ferias y Mercados “ha decidido mejorar la imagen de la Feria de Libros ubicada en Parque Centenario”, instó a que se cambien los puestos por unos más modernos.

Casetas de libreros en el Parque Centenario
Casetas de libreros en el Parque Centenario
“Todas aquellas personas que posean un Permiso de Uso Precario vigente, para desarrollar actividades de “Compra-venta y permuta de revistas y libros usados” en la Feria de Parque Centenario, "deberán readecuar sus Puestos a las nuevas Especificaciones Técnicas”.

“Los permisionarios podrán optar entre asumir el costo de readecuación de los nuevos puestos, o solicitar se le entreguen nuevas estructuras bajo la Figura del Comodato”, indicó el organismo.

viernes, 13 de mayo de 2011

Bibliofília en Buenos Aires

Por Maximiliano Gregorio-Cernadas, para el diario La Nación , en artículo publicado para la edición impresa el 29 de abril de 2011.

La bibliofilia, el amor por el libro como objeto de colección, tuvo su auge en Buenos Aires entre los siglos XIX y XX, merced al interés de una elite ilustrada que adquirió en Europa bibliotecas enteras y formó colecciones notables (Arata, Cárcano, Bunge, Gallardo, Llobet, Zorraquín Becú, Vogelius, Mayer). Muestra de ello son los 40.000 ejemplares reunidos por Jorge M. Furt, que se conservan en la estancia Los Talas, a unos 20 kilómetros de Luján. O los 60.000 títulos de la colección Quesada, hoy en Berlín. Un glorioso pasado que alcanzó su cenit a mediados del siglo XX.

Aquella "bibliópolis" de rango mundial (según Rubén Darío y Paul Groussac), famosa por sus escritores, editores, libreros y bibliófilos, mantiene su crédito como la plaza del libro antiguo más importante de Latinoamérica. Mario Vargas Llosa ha dicho que una de las razones por las que le gustaría vivir un tiempo en Buenos Aires son sus librerías. La Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina (Alada), fundada en los años 50, reúne a cincuenta libreros. Su presidente, Alberto Casares, afirma que la asociación, que desde 2004 organiza la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires -única en el continente y must de la agenda porteña-, vive su mejor momento.

Librerías, libreros y bibliófilos
Una minoría sofisticada de librerías anticuarias ofrece libros antiguos (previos a los siglos XVIII o XIX) y de lujo. La mayoría, en cambio, se ocupa de libros raros, agotados, de colección, decorativos o preciosos, que atraviesan cronologías. Luego están las librerías de viejo, ocasión o lance, con libros descatalogados o usados. En rigor, la mayoría cuenta con un poco de todo y se define por lo que predomina. A los libros se suele sumar una vasta iconografía antigua en soporte papel (mapas, fotos, documentos, etcétera).

Las temáticas comunes son argentinas e hispanoamericanas y las especiales, fotografía (Poema 20); correos, gráfica, tabú (El Faro del Fin del Mundo); alemán, latín (Henschel); franceses ilustrados (Víctor Aizenman, El Incunable); idiomas (Glyptodon); teatro (Ávila; La Teatral); derecho (Platero). El gusto del coleccionismo fue nacional y americanista (siglo XIX), europeizante (inicios del XX), nacional (XX) y desde el año 2000 parece inclinarse por las vanguardias literarias.

En los fascinantes locales de estos libreros se accede a otros tiempos y espacios: atmósferas londinenses (Antique, Poema 20, Casares), gabinetes nobles del siglo XVIII (Aizenman), escenografías históricas (Ávila, donde en 1785 funcionó la primera librería del país). Algunos locales se ubican en sótanos (El Incunable, Cueva Libros, Platero), trastiendas (Fernández Blanco, Glyptodon), departamentos (Henschel), edificios históricos (El Faro), galerías (Pampeana, Lord Byron, Mireya), hogares (Manos Artesanas; Del Plata) y laberintos (Huemul).

Los buenos libreros apuestan al vínculo personal con sus clientes ("No vendo a quien no veo", confiesa Llobet), asesorando, cuidando el trato y ofreciendo servicios como catalogar y reparar libros, permutar o canjearlos. Organizan lecturas con café y hasta "chocolates de los jueves" para atraer viudas. Al cabo, el librero es un bibliófilo al que le cuesta deshacerse de sus mejores libros. Sosa y Lara, de Lord Byron, define su oficio como "un ida y vuelta entre un cliente especializado y un librero que se nutre de ese conocimiento y lo devuelve".

"El librero es un psicólogo -explica Gustavo Breitfeld, que tiene ambos títulos- y esto es como un vicio, una droga, la adrenalina del buscador de tesoros. El psicoanálisis trata de descubrir en el inconsciente lo reprimido, mientras que en el libro busco lo que no me dice para ponerlo en valor."

Entre libreros y compradores, el médium es el catálogo, libro sobre libros, quintaesencia de la bibliofilia, motivo de coleccionismo y fuente de criterios para valorar un ejemplar. Esos criterios son múltiples: la proyección cultural de la obra, la edición (pirata, príncipe, revisada, rara, numerada); el estado del libro (lomo fatigado, tiros de polilla; los cantos desparejos revelan agregados y el olor a goma, restauraciones); la estética (encuadernación lujosa o firmada, medio marroquí o florones en el tejuelo, ilustraciones, papel, tipología); partes (hojas de respeto, guarda, pestaña); provenance y marginalia ; la demanda y existencia; si figura en bibliografías (Suárez, Palau).

"El que compra con pasión hace negocio", explica Breitfeld. Casares, por su parte, agrega que eso requiere "intuición, buen gusto, mirada abarcadora y rápida, olfato, sensualidad en la mano, paciencia y saber escuchar a dos grandes maestros: el libro que nos habla y el cliente que nos enseña su especialidad". No obstante, pese a tener tantas cosas en común, señala Ana María Lacueva, "jamás nos pondríamos de acuerdo sobre un precio".

El rematador que vendía libros antiguos entre vajillas y carruajes (Bullrich ha sido pionero en esto) cuenta hoy con especialistas en tasar y catalogar ejemplares únicos que subastan ante agentes de grandes coleccionistas locales (Porcel y Blaquier) y extranjeros.

La fama hosca de los libreros se desmiente con la cohesión de Alada. El prejuicio de métier masculino cede ante la abundancia de damas libreras como Elena Padin Olinik, de Helena de Buenos Aires, rematadoras (María Saráchaga), coleccionistas (Larguía), encuadernadoras y artistas de ex libris. Los bibliófilos, por su parte, revelan su espiritualidad (Navia define su pasión "como un pianissimo de Rubinstein") y sociabilidad. Un centenar se reúne en la prestigiosa Sociedad de Bibliófilos Argentinos (1928), explica Padorno, su vicepresidente. Renacen las tertulias, las donaciones en vida y la idea de que "los particulares prolongan la vida del libro antiguo mejor que una biblioteca, pues le dan más cariño y cuidado" (Aquilanti). A la leyenda de un duelo atávico entre codiciosos libreros y pícaros bibliófilos, Almeida responde: "Todos amamos los libros y estamos del mismo lado".

Artesanías y cuidados

Los restauradores y encuadernadores son los artistas del libro. Algunas librerías, por ejemplo Antique, tienen los propios (Carlos Guerrero), aunque la mayoría es independiente, como la multipremiada María Sol Rébora; Andrés Casares, que aprendió técnicas secretas de maestros franceses; o Graciela de la Guardia, dama de vasta cultura, formada en Japón y Francia, con lista de espera mundial y un taller encantador. La encuadernación puede ser una obra de arte, firmada y coleccionable, pero no siempre beneficiosa. Antes se estilaba encuadernar todo a la francesa (agregando tapas y guillotinando hojas), arruinando ediciones originales. Hoy se prefiere respetar lo que el libro trae, dejar primeras ediciones en rústica y en rama (sin abrir), y encuadernar lo previo al siglo XVIII con pergamino y rama abierta (borde desparejo), aunque, observa Aizenman,"hay cierto fetichismo en nunca encuadernar; la encuadernación puede alterar o jerarquizar el libro".

Un socio fiel del libro antiguo es el ex libris ("Este libro es de", en latín), viñeta con emblema y leyenda alusivas al coleccionista o su tema. La grabadora Eva Farji, interesada en sus alegorías, refiere su origen noble y heráldico, que se remonta al Renacimiento, y su etapa burguesa, profesional y artística, con el auge del libro y el diseño, a fines del siglo XIX. A principios del XX, los amigos de los ex libris comenzaron a reunirse. En nuestro país, María Magdalena Otamendi de Olaciregui (cuya colección se conserva en la Biblioteca Nacional) fundó la Asociación Argentina de Ex Libristas. El ex libris atrajo a artistas como Norah Borges y Pío Collivadino. Hoy tiene estupendos artistas (Grupo de Amigos del Ex Libris/Gadel, Luis Mc Garrell Gallo) que crean por encargo (¡Carlos Menem se hizo uno!) y fieles coleccionistas (Vast y Dellepianne Cálcena).

La fragilidad del libro exige recaudos. Contra el polvo aconsejan leerlo (se airea solo), guardarlo en bibliotecas Thompson o cajas, y para curarlo de plagas (dermétidos, xilófagos o "taladros" y gorgojos), envolverlo con celofán en el freezer o agregarle cantos dorados que ahuyentan insectos además de adornar. Conviene cuidarlo de la humedad, sol, calor, animales y fumadores, exhibirlo y catalogarlo desde los 3000 ejemplares, cuando falla la memoria y se puede soñar con dar nombre a la colección.
El futuro de los libros del pasado

El libro antiguo circula entre decesos, divorcios, viajes, apremios, donaciones, estancias, porteros asociados a libreros o cartoneros que los liquidan como papel. "Se tiran millones", dice López Medus. "Veinticinco años después de haber prestado un libro, lo reencontré en una librería de usados", cuenta Vega Andersen.

El futuro del libro antiguo reniega de sus clichés. Si bien cierran librerías (L'Amateur), son más las que abren (La Teatral, El Vellocino de Oro, Gotcha's Books, Los Siete Pilares), en un proceso de renovación generacional, cambio de perfil profesional y sofisticación de la plaza, con jóvenes libreros y perspectivas modernas (Sirinian, Breitfeld, Koch, Aquilanti, Lüchter Bunge). Cada vez más especializados y menos diletantes, parece no obstante inmortal la imagen del librero bohemio, "devoto del libro como fenómeno en la vida del hombre y del sentido misional de una librería", acota Llobet.

De a poco, el libro antiguo vuelve a interesar a la dirigencia, se reconoce su aporte al acervo cultural y su falso elitismo. "Un ejemplar interesante cuesta igual que un par de zapatillas", afirma Fullone, de la Librería Del Plata. Basta escoger un buen tema, dejarse asesorar y adquirir poco y bueno.

Los stocks libreros (el mayor es el de Fernández Blanco, con más de 200.000 ejemplares), los tesoros públicos y las colecciones privadas demuestran que queda mucho en Buenos Aires. Los extranjeros no se han llevado todo; los libros tienen su destino (dijo el poeta Horacio), que es circular, yendo y viniendo del exterior, pues también los argentinos adquieren afuera. Un mundo integrado -dicen- promueve este circuito del cual nuestra ciudad forma parte vendiendo, comprando, visitando ferias, actualizándose e integrando organizaciones internacionales, como Breitfeld, Aizenman y García Cambeiro.

También los remates, Internet y el Estado expanden el sistema: la Biblioteca Nacional adquiere y cuida donaciones, el Gobierno porteño promueve librerías de valor patrimonial, la Feria del Libro Antiguo y, este año, las actividades derivadas del nombramiento de Buenos Aires como Capital Mundial del Libro (Unesco).
Pero ¿qué explica el placer del bibliófilo ante el vértigo de saber que no bastará su vida para leer lo que posee? Acaso lo mismo que aqueja a todos los hombres: la conciencia de la finitud y el anhelo de asirse a un objeto que supere el tiempo, pues los hombres pasan, los libros quedan y en esa inmortalidad radica, según Llobet, "la fuerza invencible del libro antiguo".

Si los libros, como afirma Whipple, son "faros erigidos en el vasto mar del tiempo", Buenos Aires es una costa resplandeciente para cualquier náufrago existencial.

EXQUISITOS, EFICACES Y LEGENDARIOS

Casi tan variados como los volúmenes que se agolpan en sus estanterías son los perfiles de los libreros. Los hay exquisitos (Aizenman, Diran Sirinian), eficaces (Lacueva, Casares, los Breitfeld), conversadores (López Medus, Miguel Ávila), tradicionales (Mireya Pardo, Rodolfo Luchter Bunge, Lucio Aquilanti). No faltan ni el apostólico (Jorge Llobet), ni el legendario (Antonio Rago), ni el detectivesco (Roberto Di Giorgio), ni el cordial (Raúl Almeida), ni el sistemático (Vega Andersen). Pero, en cualquier caso, como señala Alberto Casares, "el ideal reúne cualidades de bibliófilo (colecciona), bibliotecario (cataloga), estudioso (trabaja el material) y comerciante (compra y vende)"

BUSCADORES DE PERLAS

Entre "el refinado sensualismo intelectual y las múltiples emociones que proporcionan al espíritu las andanzas en pos de los libros" (Buonocore), circulan compradores por metro (decoran bibliotecas y lámparas), deportistas (pescan ocasiones), fetichistas (los dejan intonsos), profanos (buscan " El principito de Maquiavelo"), estetas (gozan con el tacto del pergamino y el perfume del cuero), excéntricos (adquieren ejemplares del mismo título para cada hijo), desesperados (esconden lo que no pueden adquirir) y bibliófilos consumados, como Eduardo Sadous, que, cual cazadores, relatan sus hazañas, muestran sus trofeos y sueñan con la suerte de quien en 1910 adquirió una Biblia de Gutenberg por 80 pesos en Lavalle y la vendió por una fortuna al Museo Británico.

BIBLIOFILOS Y FAMILIAS

La bibliofilia es una manía menor que, sin recaudos, puede conducir a perversiones como el fetichismo, la cleptomanía y la bibliopatía, y convertirse en "agente de mortificación familiar", dice Guillermo Gasió. Están quienes comprometen las finanzas (ocultan sus compras o se privan de comer), el espacio (algunos requieren departamentos enteros para sus bibliotecas), la higiene del hogar o la atención de las señoras. Circulan anécdotas escalofriantes sobre vengativas viudas que venden bibliotecas "con los pétalos de las flores del velorio todavía en el piso" y "falsas viudas" que liquidan libros de un supuesto "difunto" infiel. "El libro es la peor amante pues junta tierra y bichos, es caro, ocupa lugar y roba el tiempo de los maridos", concluye Ávila.
DIRECCIONES DE LIBRERIAS ANTICUARIAS

Víctor Aizenman
Las Heras 2153 PB "A"

The Antique Book Shop:
Libertad 1236

Alberto Casares:
Suipacha 521

Librería Fernández Blanco:
Tucumán 712

Poema 20:
Esmeralda 869

El Incunable:
Montevideo 1519

Librería Platero:
Talcahuano 485

El Faro del Fin del Mundo:
Galería Libertad, Libertad 1240

La Librería de Avila:
Alsina 500

Librería-Editorial Histórica Emilio J. Perrot:
Azcuénaga 1846

Manos Artesanas:
Uruguay 1368

El Glyptodón:
Ayacucho 734

Librería del Plata:
Guido 1927 PB "A"

Henschel:
Reconquista 533 1° "C"

Pampeana y Lord Byron:
Galería Las Victorias, Libertad 948

Mireya y otras librerías:
Galería Buenos Aires, Florida 835

Huemul:
Avenida Santa Fe 2237

Tupy:
Paraguay 1268

Graciela de la Guardia
(restauradora y encuadernadora):
Montevideo 1621 PB "A"

Grupo de Artistas de Ex Libris:
www.gadelargentina.blogspot.com

miércoles, 3 de junio de 2009

Video de libros y libreros en Buenos Aires

A través de una entrevista muy interesante con el librero Miguel Ávila nos acercamos al mundo de los libros y libreros de Buenos Aires.

El video se ha dividido en dos partes de unos 10 minutos cada una, con algunos minutos dedicados a los libros antiguos.

Parte 1:


Parte 2:

jueves, 24 de abril de 2008

Muestra de libros antiguos de la Orden de San Agustín

Hoy se ha inaugurado la "Primera muestra de libros e impresos antiguos, raros y curiosos del patrimonio bibliográfico de la Orden de San Agustín en la Argentina y Uruguay”, que podrá ser visitada hasta el 17 de mayo en el auditorio San Agustín (avenida Las Heras 2560, Buenos Aires).

También hoy se celebrará un coloquio sobre Libros antiguos, a cargo del licenciado Roberto Casazza.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Bibliofilia en Buenos Aires

En una entrada de nuestro blog hace unos meses tuvimos la ocasión de hablar de las Librerías Anticuarias en Buenos Aires. Junto a las librerías de viejo podemos contabilizar en Buenos Aires más de 40 librerías en la ciudad. Y esto sin contar las casas de subastas que también participan activamente en el negocio de la venta de libros antiguos.

El diario Clarín publicó el pasado día 9 de diciembre un interesante artículo sobre el mundo de la venta de libros antiguos en Buenos Aires. Pasamos a desgranar algunos extractos interesantes.

En dicho artículo se da una lista de los bibliófilos más importantes que vivieron en Argentina: el historiador italiano Pedro de Angelis, Andrés Lamas, Manuel Trelles, Bartolomé Mitre, Teodoro Becú, Antonio Santamarina, Eduardo Bullrich, el poeta Oliverio Girondo, Guillermo Furlong, Alejo González Garaño, Alfredo Hirsch, Miguel Angel Cárcano, Giselle Shaw, Antonio Larreta, Matías Errázuriz y Federico Vogelius.

Pero, ¿qué grado de aportación tienen los bibliófilos en este negocio del libro antiguo? En el artículo del diario Clarín podemos leer que algunos libreros confiesan que los compradores que mueven el mercado en Argentina no son realmente más de trescientos, entre los que ya se incluyen los representantes de instituciones tanto privadas como públicas.

Los anticuarios se abastecen fundamentalmente de la compra de bibliotecas y es aquí donde entra en juego el bibliófilo. Una vendedora de la librería bonaerense L'Amateur señala que están "viviendo" de las bibliotecas que se formaron en la Argentina en la primera mitad del siglo XX. Otro librero, Alberto Casares, destaca que "el destino de los libros es pasar de un dueño a otro", y el artículo de Clarín refuerza esta idea con un escrito que Pedro de Angelis dirigió en 1856 a Manuel Trelles: "el sentimiento que naturalmente tengo de separarme de la parte más preciosa de mi biblioteca queda en gran parte atemperado por la idea de que los nuevos poseedores son personas inteligentes, y que saben apreciarla".

¿Qué precios está dispuesto a pagar un bibliófilo empedernido? Lo primero, por supuesto, es necesario disponer del dinero suficiente porque los libros que quiere un bibliófilo no son nada baratos. El artículo de Clarín nos da una idea de los precios que algunos libros pueden alcanzar en la actualidad en Argentina:


  • De la diferencia entre lo temporal y eterno, obra ascética del jesuita español Juan Nieremberg, en la traducción al guaraní hecha por el también jesuita José Serrano, ilustrada con grabados del indio Juan Yaparí. Impreso por los jesuitas en la misión de Loreto en 1705. Un coleccionista lo ofrece por un millón de dólares.

  • El incunable Liber chronicarum de Hartmann Schedel impreso en Nuremberg en 1493 por Anton Koberger, con ilustraciones de Durero, vale 150.000 dólares.

  • La Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata, de Pedro de Angelis, vale 50.000 dólares.

  • Una primera edición de Martín Fierro, de 1872, puede alcanzar un precio de 40.000 dólares.

  • La edición elephant del libro de Emeric Essex Vidal, Picturesque illustrations of Buenos Ayres and Montevideo, editado por Ackerman en Londres en 1820, cuesta 24.000 dólares.

  • Fervor de Buenos Aires de Borges, de 1923, está sobre los 20.000 dólares.

  • Descripcion chorographica de Terreno Ríos, Arboles, y Animales de los dilatadísimas provincias del Gran Chaco, Gualamba, y de los Ritos y Costumbres de la inumerables naciones de barbaros e infideles que le habitan, editada por el jesuita Pedro Lozano en (Córdoba) España en 1733, vale 15.000 dólares.

  • El Contrato Social de Rousseau, traducida por Moreno y publicada en 1810, cuesta sobre los 8.000 dólares.

jueves, 4 de octubre de 2007

III Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires



Se celebra la Tercera edición de la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires organizada por la Subsecretaría de Patrimonio Cultural y la Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina (ALADA).


Desde ayer miércoles y hasta el domingo 7 de octubre, se desarrollará en el Museo de Arte Hispanoamericano, ubicado en la calle Suipacha, número 1422. El horario será entre las 14 y 20 horas, salvo el sábado 6, que por motivo de desarrollarse La Noche de los Museos, prolongará hasta la medianoche su horario. El costo de la entrada es de 1 peso, menos ese sábado, cuando la gente podrá acceder desde las 19 horas, en forma libre y gratuita.

Los libreros participantes serán:


  • Alberto Casares

  • Cueva Libros

  • La Librería de Ávila

  • Librería Anticuaria Poema 20

  • Librería Anticuaria L´Amateur

  • Librería Armando Vites

  • Librería de Antaño

  • Librería del Plata

  • Librería El Ventanal

  • Librería Fernández Blanco

  • Librería Figueroa

  • Librería Helena de Buenos Aires

  • Librería Imago Mundi

  • Librería Lord Byron

  • Manos Artesanas Comunicaciones

  • Martín Casares

  • Víctor Aizenman


Entre las obras que se podrán ver expuestas en la Feria, se encuentran:


  • Guía de Forasteros de Buenos Ayres, 1803
  • Librería: Helena de Buenos Aires
  • Institutiones grammaticae latino carmine, hispana cum explicationes, de Fray Joannes de Vega O.F.M. Lima, Antonio Ricardo: M.D.XC.V [1595]
  • Librería: Poema 20.
  • Il Tribunale della Sacra Rota, de Domenico Bernini. Roma, 1717.
  • Librería: Alberto Casares
  • Dizionario Storico-Geografico dell’America Meridionale, de G. Coleti. Venecia, 1771.
  • Librería: Librería del Plata
  • A new universal collection of authentic and entertaining voyages and travels, from the earliest accounts to the present time…, de Edward Cavendish Drake. London, 1768.
  • Librería: Fernández Blanco.
  • Itinerario para Parochos de Indios, en que se tratan las materias mas particulares, tocantes a ellos, para su buena administración, de Alonso de la Peña Montenegro. Amberes: Verdussen, 1737.
  • Librería: Fernández Blanco.
  • Journal du voyage fait par ordre du Roi a L'Équater servant d´introduction Historique a la Mesure des trois premiers Degres du Meridien, de M. de la Condamine. Paris: L´Imprimerie Royale, 1751.
  • Librería: Fernández Blanco.

  • Voyage autour du monde, par la Frégate du Roi la Boudeuse et la Flûte L’Ètoile (1766, 67, 68, y 69), de Bougainville. Paris: Saillant Nyon, 1771.
  • Librería: Fernández Blanco.

  • History of the Viceroyalty of Buenos Ayres, de Samuel Willcocke. London, H.D. Symonds, 1807.
  • Librería: Fernández Blanco.
  • Voyages dans l'Amérique Méridionale, de Félix de Azara. Paris, 1809.
  • Librería: Imago mundi
  • Tristan Tzara. Vingt-cinq poèmes. Dix gravures sur bois, de Hans Arp. Zurich: Collection Dada, 1918.
  • Librería: Martín Casares
  • Notes on Haiti. Made during a residence in that Republic by … Charles Mackenzie. London: H. Colburn and R. Bently, 1830.
  • Librería: Poema 20
  • An Historical and Descriptive account of the Peruvian sheep, called Carneros de la tierra, and of the experiments made by the Spaniards to improve the respective breeds, de William Walton. London, John Harding, 1811.
  • Librería: Poema 20
  • An account of the Spanish settlements in America, por John Campbell. En cuatro partes. Edinburgh: A. Donaldson and J. Reid, 1762.
  • Librería: Poema 20

Además se celebrarán algunas conferencias relacionadas con el mundo del libro antiguo como: “Patrimonio Histórico y Cultural a través de la Bibliografía”, “Bibliotecas e Imprentas Coloniales”, “Antiguas Librerías Coloniales” y “El Telégrafo Mercantil”.

sábado, 12 de mayo de 2007

Librerías anticuarias en Buenos Aires

Un excelente artículo publicado en dos partes ([1] y [2]), por la Licenciada en Demografía y Turismo Silvia V. Sarkissian, nos aporta un recorrido perfecto para quien quiera (¡y pueda!) visitar las librerías anticuarias de la ciudad de Buenos Aires. Podremos encontrar desde incunables hasta libros del siglo pasado editados tanto en Argentina como fuera de ella.

Haciéndonos eco de lo publicado por Sarkissian el recorrido lo iniciaremos en el barrio bonaerense de Retiro. Desde la plaza San Martín nos adentraremos en la calle Florida, una de las calles más tradicionales por su comercio, y llegaremos hasta el número 835 donde nos adentraremos en una galería subterránea y circular llamada “Galería Buenos Aires”. Allí podremos descubrir varias librerías anticuarias, entre las que está la librería Helena de Buenos Aires y cuya especialidad es el gaucho argentino.

Una vez hemos visitado la galería retrocederemos por la calle Florida hasta la siguiente esquina, con la calle Paraguay, donde giraremos a la izquierda hasta llegar a la siguiente intersección, la calle Maipú. En el 898 de esta última calle nos encontraremos con la Librería Anticuaria Figueroa. Si seguimos avanzando por la calle Paraguay llegaremos hasta la intersección con la calle Esmeralda, donde en el número 869 nos encontraremos la librería Poema 20, que cumple algo más de tres años de vida. Y justo enfrente, en el número 882, nos encontraremos con la Librería Anticuaria L´Amateur, fundada en 1926 y que ofrece una amplia bibliografía acerca de la vida costumbrista del Buenos Aires virreinal.

Siguiendo ahora por la calle Esmeralda en el sentido en que descienden los números de la calle hasta llegar a la confluencia con la Avenida Córdoba, giraremos a la derecha para llegar a la calle Suipacha, paralela a Esmeralda. En el número 521 de Suipacha encontraremos la librería Alberto Casares, especializada en primeras ediciones de autores argentinos, latinoamericanos y españoles. Al abandonar está librería a pocos metros está la intersección con la calle Tucumán, donde en el número 612 encontraremos la librería Fernández Blanco, especializada en libros relacionados con la historia argentina y latinoamericana, literatura, arte y geografía.


Librería Alberto Casares

Podemos acercarnos a otras librerías anticuarias o de libros usados fuera del itinerario trazado por el barrio de Retiro. Así, desde la librería de Fernández Blanco, podemos tomar nuevamente la calle Suipacha hasta llegar a la Avenida Corrientes. En el tramo de esta avenida que va desde la intersección con la Avenida 9 de Julio y la Avenida Callao encontraremos librerías que, sin ser anticuarias, se dedican a la venta de libros usados y de ocasión.


Más alejados, entre los números 500 al 1200 de la Avenida de Mayo, encontraremos varias librerías anticuarias se las que se destaca la librería El Túnel, en el número 767. Y, por último, si desde la Avenida de Mayo tomamos la calle Bolívar y llegamos a la esquina con la calle Alsina estaremos llegando hasta la librería más antigua de Buenos Aires, la Librería de Ávila (ex Librería del Colegio, fundada en el año 1785), y que ha sido declarada Patrimonio Histórico y Sitio de Interés Cultural de Buenos Aires.


En la imagen, la antigua Librería del Colegio,
ahora Librería de Ávila.